La insoportable levedad del ser – Milan Kundera (1984)

Me ve con una ligera sonrisa que expresa impaciencia mientras me pregunta: “¿Por qué no se hace un charco aquí si ya esta lloviendo?”. 

Minutos antes, le había yo mostrado el lugar exacto en donde debía pararse para, cuando la lluvia hiciera su aparición, pudiera brincar alegremente en ella. Sin embargo en mis instrucciones, estúpidamente olvidé explicarle el factor mas importante en la construcción de un charco y en la vida entera. 

Olvidé mencionarle el tiempo. 

En fin, ¿cómo llegamos aquí? 

Enfrente de mí, un niño de padres amigos míos, me contagia una emoción especial por ver llegar la lluvia. Viendo el cielo oscurecerse, alza la voz diciéndome: “Voy a poder brincar en los charcos, ¿quieres brincar conmigo?”. 

Su madre, al escuchar sus planes suicidas, de inmediato interrumpe nuestro encuentro: “¡Ve por tu chamarra, gorro y botas si es que pretendes brincar!”. 

Instantes después, Emiliano no solamente esta disfrazado de Dick Tracy, sino suda en contra de su voluntad. 

Inmóvil e incómodo gracias a las órdenes de su madre, me toma de la mano y la aprieta en emoción. “¡Ya cayeron gotas!”. 

Tristemente, por mas que me esfuerzo en sentir algo de su emoción, no logro absolutamente nada. 

¿En que momento perdí ese talento? ¿En que momento la cena que tengo en una hora se volvió mas importante que el disfrutar del fenómeno único que dio origen a toda nuestra existencia? Un día alguien me dijo que los niños tenían todos los secretos del Universo…en momentos como estos no puedo refutarlo. 

Regresando al encuentro entre Emiliano y yo, he de decir que, si las gotas de agua que caían del cielo hubieran sido mas pequeñas, serían bacteria, de esa que jamás toca el piso. Caían lentamente como si estuvieran burlándose de nosotros. Emiliano, gracias a que no ha sufrido la irreparable pérdida de inocencia que provoca entender la línea recta del tiempo, obviamente no lo entiende. Se enoja y comienza a brincar en un charco imaginario. 

Brinca y pisa fuerte en el lugar exacto que le dije. Se decepciona. 

Quizá podemos empatizar con él en su frustración pues todos hemos esperado algo que nunca llega. Pero ¿con botas y sudando? 

Ni en un Tsunami, un charco se crea de inmediato. Entonces, ¿por qué nunca pensé en aclararle que su irresponsable acrobacia en el agua requería de tiempo? 

Lamentablemente, solo hay una respuesta. La realidad es que lo estaba ignorando todo este tiempo. 

Para mí, la lluvia ya no significa. No significa porque ya la vi, escuché y sentí múltiples veces. Las cosas pierden su valor entre mas se repiten. 

La capacidad de asombro es como un cohete, inicia en nuestras vidas con una fuerza inmensa y paulatinamente la pierde hasta flotar en el espacio esperando alguna estrella que ilumine la oscuridad muy de vez en cuando. 

Si mi cerebro fuera un Barnes and Noble, la sección de libros sobre la NFL y los deportes en general ocuparía 95% de la tienda. Sin embargo, “La insoportable levedad del ser” estaría en una mesa justo a la entrada la cual los clientes tendrían que rodearla para continuar. En ésta, en lugar del género de los libros, habría un mensaje que diría: 

“Desaparecen el tiempo. Obligatorio leer.”

Milan Kundera, en cuatro diferentes relaciones humanas, imprime eternamente los tipos de personas que hay en este mundo; los que viven de sentirse admirados por todos, los que buscan el reconocimiento de sus mas cercanos, los que les basta el amor de uno solo y, aquellos mas peculiares, los que no necesitan de nadie…los soñadores. Implícitamente, es en esta lista con la cual describe la balanza entre la pesadez del mundo que nos hemos creado (kietzch) y la levedad engendrada en nuestra naturaleza. Jugamos todos los días a que nuestras decisiones tienen relevancia mientras que, al mismo tiempo, en el rincón mas profundo de nuestro cerebro, recordamos que todos moriremos. 

Uno de los dos momentos que esta obra me hizo llorar, la definicion de kitsch.

Todos seríamos felices si diariamente sintiéramos la inocencia de Emiliano al esperar la lluvia para liberarnos brincando en ella. Desgraciadamente, el tiempo con su camuflaje llamado memoria, se encarga de borrárnosla y de crear una ilusión en donde todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene inmensa importancia. 

Conforme avanzamos en la vida, la levedad de la lluvia es suplida por la pesadez de no mojarnos. Lo que quizá olvidamos, es que el secreto no esta en encontrar un supuesto balance entre las dos, sino en saber cuando pisar fuerte el charco y cuando flotar sin botas. 

Uno de los mejores libros que he leído. 

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