Alex Smith. Una (inalcanzable) historia que contar.

Platicar nuestras historias es actividad de todos los días. Escribirlas, por el otro lado, es algo muy diferente. 

Cuando decidimos plasmar una de nuestras anécdotas en algún lugar físico, adquirimos una responsabilidad. Al quedar viva para siempre, la historia debe ser suficientemente valiosa para que alguien entregue su tiempo al leerla. 

La que estoy por escribir, cambió mi vida. 

El sábado 1 de octubre del 2005, motivado por una pasión de la cual poco entendía, decidí visitar el hotel en el que los jugadores de los San Francisco 49ers y Arizona Cardinals pasarían la noche antes del primer juego de temporada regular en un estadio fuera de Estados Unidos. 

La lógica (la cual no me habla muy seguido) me dijo que solamente el llegar temprano por la mañana me daría una oportunidad de verlos…aunque sea de lejos. 

En el trayecto, mientras el taxi viajaba por las felices calles de la Ciudad de México las cuales se pintan de colores diferentes por las mañanas antes de recibir su peculiar tráfico, imaginaba el momento en el que los vería. 

¿Cómo sería esto? ¿Qué tan grandes son estos jugadores en realidad? ¿Los vería desayunando? 

Cuando llegué, el hotel se mostraba indiferente y, fuera de los dos guardias de seguridad en cada una de sus puertas, no se veía actividad alrededor. 

De repente, mientras ponderaba en la mejor estrategia para burlar la seguridad, un hombre de edad avanzada y apariencia hippie salió por una de las puertas, se detuvo entre la entrada y la banqueta, y con una paz que hasta hoy puedo revivir, prendió un cigarro mientras se recargaba en una enorme maceta. 

Steve Jobs alguna vez dijo: “solamente podemos conectar los puntos viendo hacia atrás, nunca hacia delante.” Aquel día lo entendí. 

Años antes, provocado por el retiro de Steve Young, jugador que por su inquebrantable amor por el juego logró transmitirme el valor del football, tomé la decisión de buscar y leer todo libro referente a esta franquicia de la cual ni siquiera sabía el porque de su 49. 

En mi viaje, pasé por excelentes obras de arte como: “The score takes care of itself” por Bill Walsh y “Tales from the sideline” por Roger Craig. Todas con innumerables historias y aprendizajes. 

Curiosamente, entre mas leía mas sentía que estos jugadores eran inalcanzables. Sus tamaños, habilidades y fuerzas, combinado con las increíbles cosas que describían superar, aunque aumentaban mi admiración también extendían un extraño alejamiento.  

Al final, estos eran jugadores de la NFL. 

Pero hubo un libro, de nombre simple, que inesperadamente me generó dudar sobre la superioridad de estos jugadores. Dos cosas eran diferentes, la historia del equipo era narrada de forma simple y concisa, como si estuviera leyendo un libro de texto, y por el otro lado el libro hacia referencia a personas no jugadores que con el tiempo se habían convertido en leyendas, una de ellas Michael Zagaris, el fotógrafo. 

¡Era Mr. Zagaris quien estaba ahí, enfrente de mi fumando tranquilamente a unos cuantos pasos del hotel! 

Bajo una fuerza gravitacional, caminé hacia él, lo llamé por su nombre y con una seguridad que quisiera poder aplicar siempre, le extendí mi mano.

Sorprendido al ver a un joven imprudente vestido de porrista, me regresó el saludo temeroso. 

Acarreado por el momento, le expresé mi admiración por su trabajo y mi razón del porque estaba ahí a tan tempranas horas. 

Hasta hoy no descifro si fue por miedo o por lástima, pero Mr. Zagaris prosiguió a quitarse su gafete que lo identificaba como parte del equipo, ponerlo alrededor de mi cuello y con una sonrisa decirme: “Get in”.

Cuando tu cuerpo tiemble de nervio, disfrútalo, pues tu cuerpo, al moverse por incertidumbre, expresa lo único y valioso que ese momento es para ti. 

Temblando, caminé hacia el inmenso lobby del hotel. A mi derecha unas escaleras, que por la seguridad que las resguardaba, me indicaron que era ahí a donde debía dirigirme. 

Al subirlas, expandí mi pecho para resaltar el gafete que cargaba como si fuera una “S” de Superman.

Ahí arriba, en retrospectiva he de haber esperado mas de dos horas, pero aquel día se sintieron como quince minutos. Al final, el tiempo no es mas que la velocidad percibida de un momento, entre mas lo sientes menos lo puedes detener. 

Finalmente, por unidades los jugadores comenzaron a salir de las salas de juntas…se veían mas grandes de lo que imaginé. 

Al verme, sorprendidos de ver a un desconocido o quizá por mi ridícula altura, se detuvieron a saludarme y a firmar mi playera, lo único que tenía disponible. 

En ese momento confirmé lo que temía, todos provocaban un extraño alejamiento. Aunque amables en esencia, su caminar generaban una distancia, un campo inalcanzable. 

Después de algunas horas en éxtasis, mientras los jugadores se concentraban en los sillones que habitaban el lobby, de pronto recordé que en mi playera faltaban las tres firmas mas importantes, los quarterbacks.

Ayudado por un periodista mexicano, el cual previamente había aprovechado mi conocimiento de nombres y posiciones de jugadores claves para levantar entrevistas, me dirigí al elevador en donde los quarterbacks saldrían eventualmente. 

Ansiosamente, repetía sus nombres en mi cabeza para evitar margen de error: Tim Rattay, Ken Dorsey y la primera selección del Draft, Alex Smith

Cuando las puertas se abrieron y los tres aparecieron, la prensa ya inundaba el lobby. Reporteros y fans gradualmente les prohibieron continuar su camino. 

Los tres se dedicaron a firmar autógrafos y posar para fotografías durante algunos minutos.

Por alguna razón, me concentré en Alex Smith, quien a pesar de en ese tiempo ser uno de los dos quarterbacks novatos con mayor expectativas (Aaron Rodgers), ni siquiera era el titular en San Francisco. 

Fue en ese preciso momento, cuando me acerqué a pedirle que autografiara el único espacio libre que quedaba en mi playera, cuando mi percepción sobre los jugadores cambiaría por el resto de mi vida. 

Antes de tomar el plumón, las palabras de Alex Smith fueron: “first a handshake (primero salúdame)”. 

Pasamos la vida deseando momentos que la cambien y diseñando sueños añorando el momento que se cumplan, cuando en realidad son aquellos instantes que trascienden tiempo y espacio, caracterizados por su llegada inesperada y memoria eterna, los que realmente nos moldean. 

Al saludarlo, con una sonrisa me dijo: “tienes alguna pregunta para mí”. 

Ahí estaba yo, preparado para todo y nada al mismo tiempo. Mi cuerpo recordó que debía temblar y solamente permitió un pensamiento subir a la cabeza. 

Contesté: “Si, siempre he tenido una pregunta sobre una jugada, no se que debe hacer un quarterback en este caso en específico…” (a lo cual continúe con explicársela)

¿Qué podríamos esperar de un quarterback de la NFL, uno de los mas famosos en su año, cuando un desconocido le pregunta sobre una jugada?

Alex Smith pidió un papel. 

Sin prestar atención a la situación, decidió contestar mi pregunta y dibujar la respuesta paso a paso. 

Hasta hoy, no recuerdo nada de su explicación, sin embargo, aun puedo ver su mano dibujar. 

Terminando, sonriendo una vez mas y notando mi incapacidad de hablar, me dijo por ultima vez: “ya puedo firmar tu playera”.  

Cuando San Francisco decidió sustituir a Alex Smith por Colin Kaepernick a pesar de haber llevado al equipo a un récord de 6-2 y ser líder en prácticamente todas las estadísticas de quarterback, su reacción sumisa y evasión de controversia en pro del equipo le resultó extraño al común de la prensa. 

Cuando Kansas City tomó en el Draft a Patrick Mahomes para eventualmente dejar ir a Alex Smith a pesar de sus tres temporadas con al menos once victorias y cuatro viajes a los playoffs en cinco años, la gente se asombró de su silencio.

Hoy, después de una de las fracturas mas agresivas de la historia, diecisiete operaciones y una batalla por destruir una bacteria que amenazó con quitarle la vida, escribimos y promocionamos lo asombroso de su regreso. 

Pero para Alex Smith, nada ha cambiado. 

Su humildad, silencio y resiliencia es producto de su mas grande cualidad, la capacidad de entender su esencia como ser humano y lo común de esta.

En la mente de Alex Smith, Alex es solamente Alex.  

Ninguna de las circunstancias a su alrededor, por mas grande que esta parezca, le permiten caer en la tentación de pensar que es algo más. 

A la pregunta de porque le era importante regresar a jugar, contestó que consideraba importante que sus hijos vieran que no se rindió. Al porque arriesgarse de nuevo, solamente recalcó que todos enfrentamos problemas en nuestras vidas. 

Cuando sentimos que la adversidad nos tira, lo sentimos porque no logramos reconocer la insignificancia de nuestro sufrimiento en el mundo. Sentimos derrotarnos porque en nuestra cabeza, nosotros somos lo mas grande. 

Cuando Alex le repetía a los doctores durante las cirugías el no quitar músculo de su omóplato pues “lo necesitaba para lanzar el balón” y pasaba meses en rehabilitación bajo completa oscuridad, no pensaba en su desafortunada situación ni en la impotencia de no poder comandar un equipo bajo millones de seguidores. 

En completo anonimato, simplemente pensaba en lo común de su problema y su inferioridad comparado con otros. 

Aquel día, Alex Smith decidió estrecharme su mano antes de darme un autógrafo y en el proceso cambió mi perspectiva de lo que un jugador profesional realmente es. 

La humildad con la que lo hizo es tan grande y constante en su persona, que al final, cuando nos damos cuenta de los resultados que esto provoca, nos hace sentir que es inalcanzable. 

3 comentarios en “Alex Smith. Una (inalcanzable) historia que contar.

  1. No manches hijo puedo decirte que es uno de los mas impactantes y sencibles quw has escrito No cabe duda que ante la adversidad sacamos la casta,no se si coincide el escribir asi con los dias pasados que has tenido ,pero estos dias han hecho que afloren los sentimiemtos Lo he leido varias vaeces, y me doy cuenta lo profundamente honesto que eres,continua escribiendo nunca nunca lo dejes. La parte sentimental te la dejo a ti . abrazo excelente.

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