Porque vemos el Draft (Una carta a los que no lo entienden).

Duele, hasta el fondo del corazón, saber que nuestro país le “mochará” las manos a aquellos que roben del dinero público. Duele saber que tendremos una “selfie” de nuestro presidente con un criminal. Duele escuchar expresiones como: “echándome montón” y “jalar” en medio de otras que no hacen sentido y aceptarlas. Duele el tratar de entender como cinco personas que carecen de entendimiento sobre el objetivo de un debate serán líderes del mismo país que es invencible a pesar de los peores terremotos de este mundo.

En verdad duele mucho.

Sin embargo, un día después; dolió aun mas el saber que fueron 13.7 millones de personas las que vieron el “stand up” (lo único reconfortante es que aun hay señales de que la gente esta mas interesada en la insólita serie “Luis Miguel” de Netflix).

¿Por qué no podemos evitar la tentación de ver algo del cual conocemos perfectamente su irrelevante resultado? ¿Alguno de nosotros en realidad esperaba escuchar algo diferente de los candidatos? ¿Alguien lo vio en búsqueda de propuestas y soluciones? ¿Alguien se sorprendió de que todo terminara en “escobas” y “recogedores”?

¿Por qué?

La respuesta se llama OPTIMISIMO. Algo a no confundirse con ESPERANZA.

En la diferencia, encontramos algo muy interesante.

En 1991, Charles R. Snyder, considerado el padre de la psicología positiva, publicó importante aclaración: “el optimismo involucra una expectativa positiva sobre algún resultado futuro sin considerar ningún control sobre este, por otro lado, la esperanza involucra la voluntad y los medios futuros necesarios para provocar el resultado positivo”.

En ejemplo coloquial:

“Somos optimistas de que México no será goleado por Alemania en dos meses”

“Tenemos esperanzas de que México entienda que el soccer no es su mejor deporte”

En la primera, no tenemos control alguno. En la segunda, aunque no a simple vista, tenemos mucho. Simplemente dejemos de ver América vs Xolos y eduquémonos mas sobre gente como Joaquín Capilla Pérez.

En lo que a la definición respecta, esa es la diferencia mas importante entre adoptar una actitud optimista y generar esperanza.

Pero hay una diferencia aun mas grande y trascendental cuando hablamos de los efectos secundarios que ambas generan.

La gente que tiene esperanza en la mayoría de sus actividades de vida, a diferencia de solo optimismo, posee una probabilidad mayor de lograr objetivos e, inclusive, tiene mayores coeficientes intelectuales. Esto hace sentido pues la esperanza incluye caminos y formas de conseguir las cosas. El optimista solo “se echa” y le reza a la Virgen.

¡Pero! (uno de los “peros” mas importantes en la historia de la psicología), la gente que genera esperanza en sus actividades, al mismo tiempo crea un riesgo de sentir FRACASO y, mas importante, NO provoca el mismo sentimiento de felicidad (dopamina) al lograr un objetivo que un PATÉTICO OPTIMISTA.

Esta es una de las cosas mas deprimentes y mediocres que puede encontrar en un escrito, pero según los expertos, siempre serán mas felices las personas que no trazan objetivos y planes determinados y dejan prácticamente que “LA VIDA LOS SORPRENDA”, que aquél Godín de doce horas diarias que lucha, junto con cinco tupperwares, el proveerse la mejor vida.

¡¿Por eso demonios vemos el debate presidencial?!

No tenemos ningún control sobre los brillantes comunicados que nuestros máximos dirigentes dirán, sin embargo, nuestro cerebro, en un recóndito lugar, busca ser optimista, no esperar nada, y al mismo tiempo soñar que un día la vida nos sorprenderá con ese presidente que cambiará nuestro país.

Señoras y señores, ¡esta es exactamente la misma razón por la cual mas de nueve millones de personas VEREMOS EL NFL DRAFT este fin de semana!

¿Quién diantres se sienta ocho horas a ver como los equipos seleccionan jugadores?

Un optimista.

¿Quién pierde su tiempo viendo como personas caminan un pódium y se ponen una gorra?

Un optimista.

Hay cuatro quarterbacks considerados como los mejores prospectos. Absolutamente nadie (equipo) tiene idea quien es el mejor de ellos. Según la historia, existen mas probabilidades de ganar un volado que escoger correctamente al líder de un equipo. Los dos mejores de todos los tiempos fueron seleccionados en las posiciones 82 (Montana) y 199 (Brady).

Nadie esta de acuerdo en quien es el mejor quarterback, pero cuando se trata de hablar del mejor jugador disponible, analistas y General Managers concuerdan con Saquon Barkley. Todo estaría claro si no fuese por la posición que juega pues es la mas devaluada de los últimos veinte años. Increíble como parezca, pero hoy seleccionar al mejor corredor del planeta en la primera ronda seria una estupidez.

Hay un jugador, proveniente de un pueblo con 419 habitantes, que es considerado como uno de los prospectos mas interesantes aun cuando solo ha jugado CATORCE partidos de football normal. CATORCE. (jugaba una versión reducida con ocho jugadores, esto es como enviar a la selección mexicana de soccer al delantero campeón de futbol rápido del Club Alemán).

El equipo mas popular del mundo, despidió abruptamente a su receptor titular a solo una semana del Draft y ahora, en teoría, esta forzado a buscar su reemplazo aun cuando históricamente seleccionar esta posición en la primera ronda es lo mismo que seleccionar a un pateador.

En resumen, el Draft es, y siempre ha sido, la ciencia mas inexacta de la NFL. Mientras la tecnología, preparación de lo jugadores y métricas de los equipos avanzan, la eficiencia en seleccionar correctamente hace lo contrario.

Al final, aunque a veces nos olvidemos de ello, son personas comunes las que caminan en el pódium. Personas con las mismas inconsistencias y defectos que todos nosotros. Personas igual de impredecibles. Jamás podremos convertirlos en números.

En esta incongruencia, una vez mas, ahí estaremos todos los optimistas. Viendo y siguiendo cada movimiento que haga nuestro equipo. Festejaremos si conocemos al jugador, lo investigaremos si no. Si es liniero ofensivo nos quejaremos, si es receptor, gritaremos de felicidad y lo confundiremos en un día con Jerry Rice. Perderemos nuestro tiempo y pretenderemos saber si la decisión es buena o mala para el futuro de una franquicia de la cual no tenemos control alguno.

Ahí estaremos, porque somos optimistas y el precio de perdernos a aquel presidente que cambie el rumbo de nuestro equipo, es imperdonable.

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