Hace 3,000 años…Super Bowl LII

“!Envíen a su mejor guerrero, el más poderoso, y acabaremos con esta disputa los dos solos!”– Goliath.

El gigante de dos metros de altura, portando cinco anillos de Super Bowl, esperaba en las faldas de las montañas Palestinas mostrando impaciencia y un extraño nerviosismo.

Su cuerpo, envestido por una armadura impecable de bronce la cual solamente permitió 18.5 puntos por juego en el año, la quinta mejor, representaba lo más grande que cualquier soldado israelita había presenciado.

En su mano derecha, este impresionante guerrero cargaba con facilidad una espada brillante, la cual, a pesar de tener cuarenta años activa en diferentes batallas, seguía siendo la responsable de miles de matanzas, 66,159 yardas por aire, 13 Pro Bowls, 2 Super Bowl MVP’s, y el reconocimiento absoluto como la mejor de todos los tiempos.

A lo lejos, un tímido pastor, de tamaño pequeño y de nombre David, se acercaba a su Rey, Saúl, aclamando: “me siento capaz de darle el primer Super Bowl a mi ciudad, si me permite, su majestad, yo bajaré a retar al gigante.”

Como era de esperarse, con mezclas de risa y enojo, el Rey inmediatamente contestó: “!No seas ridículo!…el gigante que ves, ha recibido el mejor entrenamiento de la historia, es inmune a cualquier lesión o, inclusive, a cualquier pérdida de sus extremidades, ha creado dos dinastías en quince años y cuenta con poderes sobrehumanos que han revivido Generales de batalla como Randy Moss, James Harrison y LeGarrette Blount.”

“!¿LeGarrette?!, ¿nuestro general? – Exclamaba David seguido por la confirmación de su rey.

“No me importa”, insistía el ingenuo pastor. “Además, no tenemos otra opción, nadie más quiere pelear, mejor dicho, nadie mas queda.”

Sin esperar la autorización de su rey, el pequeño hombre ponía cinco piedras dentro de su bolso como si las hubiese preparado durante catorce años. Mientras metía cada una, en forma de oración, repetía las siguientes palabras: #1 puntos anotados (457), #2 yardas totales permitidas (307), #3 puntos anotados por juego (28.6), #4 puntos en contra por juego (18.4), #5 intercepciones (19).

El gigante, al verlo acercarse con nada más que su bolso y un bastón, en tono de burla volvía a gritar: “¡¿Acaso crees que soy un perro de Cleveland para que solamente traigas un bastón para pelearme?! Soy el equipo más odiado y amado de los últimos veinte años, tengo el mayor número de apariciones en Super Bowls (9) y el record como único equipo en ganar su división nueve años consecutivos.”

David, con voz cortada, inmediatamente contestó a tan retadoras declaraciones: “Verás, Goliath, todo lo que has dicho hasta ahora es producto del pasado. En cambio, este bastón, el cual aún no logras apreciar lo letal que puede ser, es el presente. No lo sabes, pero su poder reside en la forma en la que decida girarlo. Si decido hacerlo hacia la derecha, estaré dándole a mis corredores entre 35 y 40 veces el balón y limitaré mi ataque aéreo a menos de 200 yardas, así he vencido guerreros anteriormente. De lo contrario, si decido girarlo hacia mi izquierda, dejaré ir toda mi furia aérea y usaré mi habilidad de lanzar 10.3 yardas por intento, liberaré mi habilidad de ser el único equipo con tres pases de más de cuarenta yardas en playoffs y aprovecharé mi rating aéreo de 119.2 que sé soy capaz de generar. Tu problema, como puedes (o no) observar, es que no sabes hacia qué lado lo giraré.”

“¡Tú y tu bastón me tienen sin cuidado!” – aseguraba Goliath. “¿Ves este escudo? Tiene a Stephon Gilmore y Patrick Chung, los mejores profundos de estos playoffs. ¿Has notado mi cuerpo? Mis piernas cuentan con 394 yardas por juego, las mejores de la liga, mis brazos, con la mayor cantidad de yardas por aire en playoffs y, aún más importante, mi corazón con once regresos en el último cuarto…jamás me he dado por vencido.”

“Menospreciar es el acto más estúpido y egoísta” – interrumpía David. “Increíble que el tamaño de tus ojos te prohíba ver mis 38 sacks, al mejor pateador y la magia de mi pueblo que me ha respaldado por mas años que los que tú y tu ciudad si quiera pueden soñar.”

Goliath, al escucharlo, no podía evitar recordar aquellas leyendas sobre dragones grabando ilegalmente o duendes desinflando balones que sus ancestros le habían advertido ser creadas para su confusión. “No pongas atención, es el mundo contra nosotros”, escuchaba en su mente.

Finalmente, recuperando total tranquilidad, Goliath respiró profundamente mientras dibujaba en el aire el mantra característico de su población: “Do your job”.

Sin señal alguna de haber perdido confianza, el gigante dio pasos enérgicos en dirección a su contrincante, expandió sus inmensos pectorales en muestra de superioridad, levantó agresivamente su espada y, direccionando toda su fuerza y rigor hacia este, decidió atacar…

…mientras tanto, David, el valiente y poco respetado pastor, con una mirada llena de confianza que solo se logra con años de preparación, ya giraba su bastón…

 

 

¡A seis días! 

 

 

 

 

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