Mitad «Boxeo», Mitad «Simio»…

Ladies and Gentlemen, adultos y niños, godines y ninis…por primera vez en la historia, podremos presenciar a Feeje, el primer animal híbrido en nuestro planeta. Su torso, brazos y cabeza de chango, unidos completamente a su cola de pez, podrán ser vistos por primera vez en nuestro país” – P.T. Barnum, 1842

Hace 175 años, un hombre provocó que la ciudad más grande del mundo, New York, solo pudiera tener una cosa en la mente.

Mediante mensajes anónimos a las publicaciones más importantes, aleatorios panfletos pegados en las paredes y una perfecta elaboración de un plan secreto que involucró a los hoteles más importantes, P.T. Barnum, considerado el creador de lo que después conocimos como circo, logró que la sociedad norteamericana detuviera su pensamiento por completo.

Por meses, miles de personas corrieron a comprar boletos para asistir a tan importante acontecimiento. Ni siquiera la guerra suplía a Feeje como tema de conversación. ¡Mitad simio, mitad pez! ¡¿Vivirá bajo el agua?! ¡¿Comerá plátanos o algas?!

Hace 175 años, en un día como hoy, Barnum´s American Museum, ante una fila de quince mil personas, abrió sus puertas…

¿Cómo contestar cuando alguien, en busca de demeritar el valor de una liga profesional, asegura que el componente puro y competitivo del deporte se rompe cuando el dinero está involucrado? ¿Cómo argumentar lo contrario cuando Lebron James gana $100M USD por tres años, la NFL $19,000M USD por año y Neymar 1.55 LIBRAS POR SEGUNDO?

Nota al pie derecho: cuando usted termine de leer esta columna, Neymar habrá ganado $20,000 MXN aproximadamente…(una de las notas más desmotivantes que he escrito)

Defender que las ligas profesionales mantienen una competencia pura y real entre sus participantes, aun cuando existen gracias a las utilidades que generan, es tan difícil como defender que toda universidad privada tiene como máximo objetivo el desarrollo íntegro de la sociedad.

Sin embargo, gracias a que cada determinado tiempo el mundo nos regala acontecimientos correctivos, los cuales tienen como objetivo el otorgarnos un humilde zarpazo en la jeta para recordarnos nuestra vulnerabilidad y estupidez, hoy estamos a solo unos días de nuevamente valorar al deporte profesional.

Al mismo estilo de actos como la Revolución Francesa, el Movimiento Estudiantil Mexicano y la Segunda Guerra Mundial, hoy el mundo nos corrige con el “inigualable” evento: Mayweather vs McGregor.

Este sábado a las 10pm, nos empeñaremos en olvidar la triste realidad que vive el boxeo internacional, el cual, debido a su esquema obsoleto e ineficiente, hoy se ve en la necesidad de prostituirse y crear cinturones de 3,360 diamantes y 600 zafiros  para llamar la atención.

Pretenderemos creer que un atleta puede cambiar de disciplina con seis meses de entrenamiento y una presentación de power point.

Con valentía y orgullo, diremos que el deporte que vende latas de Monster por $75,000 USD está en el mismo plano que aquel que Muhhamaad Ali, Rocky Marciano y Julio César Chávez alguna vez enaltecieron.

Este sábado, desperdiciaremos $100 USD (PPV) bajo la ilusa justificación de no poder perder la oportunidad de ver un “evento deportivo” sin precedentes.

Después de todo, este comportamiento no es puramente nuestra culpa. Está en nuestra naturaleza el no poder resistir la tentación de ser parte del drama sin importar lo irrelevante que está realmente sea. Engendrado en nosotros, existe una fuerza que nos obliga a seguirnos como manada. Sí, esa misma fuerza que nos hace voltear a ver un accidente automovilístico sin importar las múltiples veces que nos hemos quejado que es la “gente que se queda viendo” la que provoca el tráfico. 

Lo que sí es nuestra culpa es no aprender.

Si en cada segundo de cada round y en cada movimiento sumamente superior de Floyd Mayweather, no somos capaces de distinguir cuando un evento deportivo es creado con dinero a diferencia de cuando el dinero es robado a causa de un evento deportivo, estaremos ignorando nuestra capacidad que nos diferencia de los animales.

Si después del sábado, nos atrevemos a faltarle al respeto al deporte profesional, poniendo en la misma conversación a esta “pelea” con historias como Agassi vs Sampras, Jordan vs Stockton y/o “The Catch”, entonces, ladies and gentlemen, mereceremos nombrarnos Feejes. Mitad simios.

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