Maya, gracias por escuchar.

Tardé dos días en escribirte porque realmente quiero entenderlo. Expresar cualquier idea justo después de tu partida hubiera resultado en sentimientos intensos, tristes y confundidos que me hubieran alejado de mi objetivo; comprender cómo es que llegas a representar tanto.

Verás, la mayoría de los humanos tenemos una habilidad la cual le llamamos “capacidad de hablar”. El lenguaje, el cual es solo una combinación especifica de sonidos que en conjunto expresan ideas, nos permite comunicarnos. Hemos desarrollado esta habilidad tan a fondo que ya se ha vuelto esencial en nuestras vidas. La falta de esta, nos provoca confusión, desconfianza e incertidumbre. La hemos elevado tanto de importancia que hasta hemos designado palabras que definen a los que están incapacitados de usarla físicamente (mudos), expresivamente (“alexitimia”), o socialmente (insensibles).

Es aquí en donde surge mi profunda confusión. Si bien tuviste un cerebro, rostro y cuerpo que te hacían vivir, ¿cómo es que sin el poder de hablar lograste lo que pensamos ningún humano podría hacer en tu situación? Entregaste un amor incondicional a los que consideraste tu familia. Fuiste leal hasta el último segundo e inclusive luchaste contra tu enfermedad levantándote en cuatro patas solo para vernos sonreír. Te sorprenderías de lo mucho que nos cuesta trabajo hacer lo mismo en nuestra vida cotidiana. En nuestros días rutinarios, en los que podemos hablar, caminar y no sentir dolor alguno, nos cuesta tanto trabajo entregar lo mismo que hasta olvidamos la enorme significancia que esto tiene. En verdad no lo creerías.

Por siempre recordaré nuestra última convivencia solos. Quizá ya cansada de verme postrado en un sillón por horas viendo juegos de fútbol americano, nunca quitaste los ojos de mí. Exaltada por cada grito y por cada vez que escuchabas tu nombre, te levantabas, te acercabas y volvías a tu posición normal que en tus casi ocho años de vida se hizo característica de ti; justo a un lado de nosotros.

¿Si me escuchabas? Recuerdo verte reaccionar al oír tu nombre, pero, ¿escuchabas cada comentario que te hacía del juego? Habrás de saber que siempre hemos pensado que somos el animal superior porqué según nosotros, contamos con raciocinio e inteligencia, lo cual me lleva a concluir una de dos cosas; o realmente los animales como tú nos escuchan, o, de lo contrario, no lo hacen y nosotros simplemente carecemos de la inteligencia de la que nos jactamos pues, como bien sabes, continuamente les platicamos.

Si por alguna razón algún día pensaste que tu inhabilidad de producir palabras era una desventaja ante nosotros, te pido que, ahora que estarás en un mundo que no conocemos, analices ciertos comportamientos. Todos aquellos que no te harán sentido.

Nuestro lenguaje, también nos sirve para expresar lo que pensamos que está mal en otras personas, por alguna extraña razón siempre hemos contado con mucha más capacidad de identificar las debilidades en alguien más que en nosotros mismos.  Cuando reconozcas palabras que se expresan despectivamente de alguien, no te alarmes, nosotros le llamamos “criticar” y con el tiempo hemos estúpidamente pensado que es parte de nuestra terapia mental. Ahora que puedes vernos desde otra perspectiva, escúchanos y date cuenta del daño que hacemos y, sobretodo, que nos hacemos cuando decidimos usar nuestro poder de “habla” de esa forma.

Por otro lado, ahora que tendrás más tiempo de vernos interactuar, te darás cuenta que nuestras palabras también son útiles para expresar los sentimientos más corrosivos que nuestro cerebro es capaz de crear. No entenderás sentimientos con los que vivimos tal como el odio (así le hemos llamado), pues tú, como “animal inferior”, nunca fuiste capaz de generarlo. Sin embargo, identificarás de inmediato estas palabras pues siempre van acompañadas de un dolor interno en nuestro cuerpo, ese dolor del que siempre nos superaste ampliamente en la capacidad de reconocerlo.

Te sorprenderás de lo distantes que realmente somos entre humanos. Si pensabas que, al cerrar la puerta de la casa en la cual pasabas horas esperando, nos encargábamos de procurarnos y de ver por el bien mutuo, te decepcionarás, pues verás  que la mayoría de las veces no es así. Vivimos bajo un componente material que llamamos dinero. Lo creamos de tal forma que sin él no podemos subsistir (tu comida venía de él). En base a la cantidad que logramos usarlo y guardarlo es como muchas veces pensamos nuestra vida debe ser medida y aprovechada. Es por esto, que cuando salimos de la casa que protegías, nos dirigimos a hacer actividades que como máximo objetivo, tienen el generar más.

No, para nosotros el simple correr detrás de una pelota y sentir el aire en nuestra cara a un lado de la gente que nos importa nunca es suficiente.

¿Por qué te escribo yo? Quizá, porque soy el único capacitado para hacerlo. Mi madre y mis hermanos, los cuales fueron mucho más cercanos a ti, están devastados. Tu ausencia es muy fuerte y por los siguientes días será incomprensible. Ahora sabes de donde viene mi urgencia por saber la respuesta. ¿Qué les digo? ¿Qué palabras uso para aminorar su tristeza? A los doce años, gocé de una compañía como la tuya, pero, desafortunadamente, aquella vez duró menos de un año. Aunque el dolor fue intenso, no puedo compararlo al que veo has dejado hoy.

De ser posible, ayúdame. Con tus primeras palabras, dime que puedo expresar que los haga sentir mejor…

….

Claro, tienes razón. Tus palabras nunca vendrán porque justo es esa incapacidad la que te hace tan grande. No tienes y nunca tuviste otra forma de demostrarnos tu lealtad más que con actos palpables. Tu felicidad era expresada al solo vernos, tu cariño al ver por nosotros y tu amor al incondicionalmente estar ahí en el momento que lo pidiéramos. Que ignorante soy en pensar que con palabras podrías representarlo mejor. Discúlpame, así estoy acostumbrado a verlo.

Hoy comprendo. Te compramos, educamos, alimentamos y queremos porque representas algo que nosotros difícilmente podemos lograr. Llenas en nosotros un espacio que lucha por mantenerse vacío en la cotidianidad y frialdad de nuestras vidas. En ti, inconscientemente sentimos lo que una completa y desinteresada fidelidad significa.

Hay un entendido entre humanos, que dice que ustedes los perros mueren en el momento que tienen que evitarle un dolor muy grande a sus “dueños”. Si esto es real, hoy me has ayudado a definirlo de mejor manera. Realmente, ustedes se van en el momento preciso en el que necesitamos recordar que las únicas expresiones reales de amor son las que carecen de palabras.

En la mente de mi madre, hermanos, y mía, me haré cargo que tu enseñanza jamás se olvide. Ahora nos toca serte fiel.

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