Gracias Tom Brady.

La escena es la misma, papeles de colores cayendo sobre los jugadores, una estructura con el logo de la NFL dentro del campo y Roger Goodell entregando el trofeo más importante que este deporte tiene. Para personas lejanas como nosotros, significa el cierre de otra temporada más, la proclamación de un equipo como “El Mejor” y, quizá, el nacimiento de una parte de la historia que recordaremos esporádicamente.

Mientras los papeles caían y veía a Belichick decirle a todo su equipo lo orgulloso que estaba de ellos, un sentimiento triste inundó mi mente. ¿Por qué no podemos quedarnos en estos momentos? ¿Por qué el tiempo jamás se detiene? Enfrente de nosotros, nacía el primer quarterback en ganar cinco Super Bowls y el primer coach en ganar siete (dos como asistente) y, sin embargo, menos de doce horas después, este último ya hablaba de lo atrasado que estaba su equipo en la preparación de la temporada 2017.

 ¿Acaso es que, como seres humanos, estamos destinados a siempre vivir en el futuro, por consecuencia, nunca vivir?

Con mi mente frustrada, sintiendo una vez más que no había nada que hacer al respecto y que este gran momento en unas horas desaparecería como todos los demás, una simple escena fue capaz de detener el tiempo, de hacerlo más lento. Las lágrimas de Tom Brady, aun considerablemente lejanas a mí en todos los aspectos, me regresaron la esperanza. En su vulnerabilidad nunca antes vista, volví a creer que existe una forma de guardar estos momentos para siempre.

Hoy, aunque posiblemente jamás vayas a leer esto, por haberme dado ese momento, te agradezco Tom Brady.

Te agradezco porque hace veintidós años, cuando tuviste tu primera oportunidad de ser titular en Junipero Sierra High School, llevaste a tu equipo a la final del estado. Abajo en el marcador por seis puntos en el último cuarto, orquestaste una serie ofensiva casi perfecta que terminó en la yarda 20 después de que los aspersores de agua se prendieron provocando un fumble letal. No solamente respondiste con estrechar la mano de tu contrincante, sino decidiste pintar cuadros en tu garaje para mejorar tu juego de pies e instituiste las juntas obligatorias en sábado con tus receptores en donde, mientras tu madre hacia sándwiches, repasabas todas las jugadas. Gracias por enseñarme que de una derrota lo que más se aprende es que aún no se ha puesto el trabajo necesario para ganar.

Te agradezco porque esperaste tres años en la banca en la Universidad de Michigan y, justo cuando parecía que tendrías tu oportunidad, tus coaches decidieron becar al mejor prospecto del país, Drew Henson, para que tomara tu lugar. En vez de buscar transferirte a otra universidad, quejarte con el staff, o convertirte en una distracción para tu equipo, volviste a estrechar la mano de tu “contrincante” y le llamaste, a partir de ese momento: “la motivación más grande que has tenido”.  Gracias por enseñarme que, si realmente queremos hacer algo grande en nuestras vidas, tenemos que sustituir la palabra adversidad por oportunidad.

Te agradezco porque esperaste que seleccionaran a 199 jugadores antes de ti en el Draft del 2000. Cuando finalmente recibiste la llamada, tu mensaje a Robert Kraft (Dueño NE) fue directo: “es la mejor decisión que esta franquicia ha tomado”. Lo que en ese momento fueron palabras arrogantes e incrédulas, hoy son la prueba más grande de los que siempre ha vivido en tu cabeza. Nada es imposible para ti. Gracias por enseñarme que no es la falta de talento o capacidad la que nos detienen en nuestros sueños, sino la incapacidad de entregar nuestra mente y vida hacia ellos.

Te agradezco porque la única persona que sabía que estabas listo cuando Mo Lewis le separó el hombro a Drew Bledose, eras tú. Lo sabías porque llevabas trabajando más de doce años, porque nunca te viste en una práctica como el suplente y porque asistías a cada una de las juntas con la actitud de líder y jefe de tu equipo. Gracias por enseñarme que la palabra “suerte” pierde por completo su definición en la mente de la gente exitosa pues entienden que el destino es solamente el encuentro entre una máxima preparación y una mínima oportunidad.

Te agradezco porque a tus 39 años de edad, en la liga más avanzada del mundo, has decidido incansablemente buscar formas alternas de cómo desarrollar tu cuerpo. En la industria que se jacta por ser perfecta en el desarrollo de atletas, decidiste, motivado por tus lesiones a temprana edad, desafiarla y probar métodos tradicionales que fueron motivo de burla por mucho tiempo. Gracias por enseñarme que, en tu meditación, yoga, uso de bandas en vez de pesas, trabajo en el mar y nieve de aguacate como único postre, representas perfectamente que el ser mejor no tiene línea final, que el querer superarte es una forma de vida.

Te agradezco porque estabas a menos de dos minutos de perder el Super Bowl y seguías lanzando pases de dos yardas a James White. No solamente ejemplificaste perfectamente lo que la teoría estratégica del football indica, sino provocaste que tu calma y templanza resonará en todo un estadio…increíble que lo has hecho en tus últimos tres Super Bowls y aun no lo creemos. Dos días antes, cuando Terry Bradshaw te preguntó lo que significaba para ti ser líder, tu respuesta fue: “no se trata de lo que yo haga, se trata de lo que proyecto, cuando hablas en el huddle puedes proyectar miedo, desesperación o…confianza”. Gracias por enseñarme lo trascendental que es que nuestras palabras concuerden con nuestros actos en todo momento y que no somos nadie sin la ayuda de los demás.

Te agradezco, finalmente, por haber dejado salir esas lágrimas, pues sin tu saberlo, me acercaste a ese momento, lo hiciste un poco más real. Al final, en tu llanto me enseñaste que eres un ser humano como todos nosotros, con muchas limitantes. Me enseñaste, en tu mirada hacia tu madre enferma de cáncer, que sigues teniendo adversidades como yo, las cuales, claro, sigues usando como tus más grandes motivaciones.

Gracias, de corazón, porque me has enseñado, a través de un hermoso deporte que suele perder importancia en la cotidianidad y rutina de nuestras vidas, que hay una guía clara para el logro de nuestros sueños y que solo para aquellos que están dispuestos a sacrificar todo por seguirla, el tiempo se detiene por un momento, un momento que se queda para siempre.

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