La psicología del Whatsapp.

Último punto (lo prometo)  en el caso “Desinflada de balón”: ¿Qué pasó cuando las torres gemelas se cayeron en cuanto a seguridad en los aeropuertos? Todas las normas y procedimiento cambiaron, ¿se acuerdan? Ahora gritar “Bomba” en un aeropuerto es delito federal (por el camino: nunca hemos sabido que pensaron los yucatecos de esto; creo que vale la pena investigarlo).  Cualquier persona ahora puede ser sospechosa y, ahora, llegar a tiempo a tu vuelo significa llegar tres horas antes. La situación en los aeropuertos cambió.

Bueno, exactamente lo mismo pasó en el caso Brady. Dejemos de darle vueltas al castigo en sí y tratar de definir una opinión sobre la severidad de éste. Hoy, el desinflar un balón, “comprometer” la integridad de la NFL y violar cualquier regla es altamente riesgoso para la liga. Ray Rice obtuvo una suspensión de dos juegos inicialmente por golpear a su novia; el video en donde claramente la maltrata en el elevador del hotel se publicó y fue suspendido una temporada entera. Adrian Peterson “educaba” a su hijo mediante golpes con las hebillas y fue suspendido un año entero. Aaron Hernández mató. Etc. La NFL hoy es la liga más seguida del mundo, con mayor derrame económica y con mayor impacto en los medios.  Cuatro juegos, dos selecciones colegiales y un millón de dólares no reflejan la falta de haber desinflado un balón, reflejan el estado actual de la liga. De esta misma manera, basándonos en la situación y no en los hechos, hemos determinado los castigos en toda nuestra historia (véase; Inquisición, Cruzadas). La situación cambió.

En fin, como no hay nada más importante de que hablar sobre la NFL, he decidido  hacer un análisis profundo de un fenómeno que hoy es parte de nuestra vida…si, de todos. Aún no sé bien el porqué de mi interés sobre esto, quizá solo es la falta de football, quizá debo buscarme algo mejor que hacer o quizá, al final, sea importante entender como ahora nuestros cerebros se moldean en base lo que se ha convertido nuestro medio de comunicación más usado; el Whatsapp.

Las dos palomitas, el cambio a color azul y la incertidumbre detrás de la pantalla. ¡Uf! Vayamos por partes. Primero, las dos palomitas. Entonces, si hay una sola paloma significa que se ha enviado el mensaje, si hay dos, ya fue enviado y recibido pero nuestra mente está tranquila aun porque el receptor “no lo ha visto”. ¡¿Estamos seguros de esto?! Si el receptor decide verlo sin abrir la aplicación (mediante notificaciones) las palomitas nunca cambian de color…el delito esta cometido, el mensaje ha sido inmediatamente ignorado. Es más, en la nueva mente del receptor ya existe el pensamiento: “no voy a abrirlo ahorita para que no sepa que ya lo leí…”  Me recuerda cuando mandábamos cartas a la niña (o) que nos gustaba y no sabíamos cuando la recibía en realidad. El primer día sin respuesta estaba lleno de optimismo, el segundo lleno de historias que justificaban la indiferencia de su parte, a partir del tercer, sabíamos que “no nos iban a pelar”.

Ahora, el dramático, sensible e impredecible cambio de color de las palomitas. Ese momento en el que los programadores de Whatsapp en California te avisan sutilmente: “Man, tu mensaje ya fue visto, leído, entendido e ignorado y no podemos ayudarte más…estas solo en esto”. La historia positiva más exitosa que nuestro cerebro ha logrado inventar al respecto es: “Seguro va manejando”. El cerebro la genera, la cree y tranquiliza al cuerpo hasta que… ¡el receptor lleva manejando seis horas! En ese momento que se termina la gasolina en nuestra mente, nuestros dedos, poseídos por una fuerza de otro mundo, se pegan al teclado, al mismo estilo que nuestra maestra de preescolar nos pegaba al cuaderno enseñándonos la letra manuscrita, y avientan una infinidad de signos de interrogación (véase; ?????????????) con la esperanza de que, con éste acto cavernícola, de alguna manera le haga detener, al receptor, su vida por completo para poder responder el tan importante mensaje. Una propuesta para los creadores de Whatsapp: deberían llevar registro y estadística, por contacto, de que tanto porcentaje somos ignorados y, después de una cierta cifra vergonzosa, hacernos el enorme favor de avisarnos y recordarnos la alta probabilidad que tenemos de recibir nada por parte del receptor. Algo así como: “¡Estimado Usario! J Queremos recordarle que, durante el mes de mayo, ha sido ignorado un 87% de las veces por la persona que está por contactar, si está seguro de continuar y no sufre de condiciones del corazón, ansiedad, embarazo ni dolores de espalda, favor de presionar ESTOY CONSCIENTE“.

Los grupos, la pornografía inadvertida y el líder cibernético. En este momento lo invito, amable lector, a hacer un ejercicio. A la primera persona que vea (asumiendo que la conoce sino podría ser arrestado) pregúntele sutilmente: “¿Me dejas ver rápido en donde tienes tus fotos? Quiero ver si esta igual que mi aplicación”.  Póngale atención a su reacción, al movimiento nervioso de sus manos buscando el teléfono mientras piensa en un pretexto para desbloquearlo antes y borrar…analice su respuesta y observe el sentimiento de culpa que, “inexplicablemente” ahora tiene. ¿Esto a que se debe? A los MALDITOS GRUPOS. Si, cualquier foto enviada por el grupo ya está insertada en nuestros álbumes como si fueran reuniones familiares (a menos que yo no esté suficientemente actualizado para saber cómo prevenir esto). El problema no es la inadvertida inserción de las fotos, el problema es que los temas de dichas imágenes están compuestas por: 1% imágenes relevantes (véase; fotos pasadas de reuniones, anuncios de conciertos, etc.), 10% connotaciones religiosas (véase; comparte esto a 110,000 usuarios y tendrás un buen día con el Señor), y 89% de las cosas más irrelevantes que el mundo ofrece con una alta probabilidad  de que exista pornografía en ellas (véase; memes de Peña Nieto)

En cuanto a la comunicación dentro del grupo. Imagínense ir al VIPS con alguien y pedir sentarse en cada extremo del restaurante, pedir una sopa VIPS, pepitos y garrafa de naranja, acomodarse, sonreír y empezar a gritarse la plática de lado a lado. Imagínenlo por un segundo…sin filtros, con alto tono de voz y sin VERGÜENZA. Bueno, pues eso es exactamente lo mismo que hacemos cuando entramos en una molesta plática o discusión con alguien individualmente dentro del grupo. A todos los demás integrantes ¿qué les importa?  ¿Porque todos tienen que enterarse que le diste las gracias? ¿Por qué todos tienen que enterase de que te reíste de algo? ¡NO! Es un grupo hecho para comunicar cosas que le competen AL GRUPO. Nada más.

En otras cosas, otra propuesta para los creadores de Whatsapp: Deberían de reclutar a los líderes de los grupos y, en verdad, postularlos para puestos de liderazgo en el mundo. No me refiero a los creadores del grupo pues ese es más un intenso circunstancial, me refiero a esos integrantes que alrededor de las 6:30 a.m. les parece cordial enviar una imagen con un inigualable “Buenos días” o “Ya huele a viernes” o, el mejor de todos, “No lo vuelvo a hacer”. Estas personas poseen un sentido de optimismo envidiable y una energía fuera de serie que puede traer cosas importantes al mundo.

La impersonalidad, el “ya tengo su whats” y la ubicación.  ¿Qué pensarían personajes como Frank Sinatra, Richard Geere, Pedro Infante o Andres García si les dijéramos: “Qué onda, ¿te dió su whats?” Hoy tener el whats de alguien que te interesa es como tener a los suegros ganados. Hasta que nos bloquean claro. Negocios se hacen por este medio. Platicas profundas, de más de media hora, se llevan a cabo enviando mensajes y, cada día, nos volvemos más impersonales en nuestra forma de comunicarnos. El ciclo tecnológico ya dio la vuelta; antes, los mensajes eran para comunicar algo después de haber intentado una llamada pues se deseaba no interrumpir y dejar en claro la importancia de ésta; hoy, hacemos una o dos llamadas al día…todo lo demás por whats. Los invito a hacer un ejercicio, no revisen su whatsapp por un día completo (más de una persona ya expresó el mismísimo “Ash yo no puedo”) y dense cuenta de cuáles son sus conversaciones realmente trascendentales, como  resultado, pondrán disfrutar de cosas hermosas de la vida como el aire, la lluvia, la sonrisa de la gente, la atención que le podemos dar a alguien y la paz del momento…todas esas cosas que cada día son más desapercibidas.

Creo que el “mándame tu ubicación” es uno de los mejores avances tecnológicos de nuestra época. Hasta que decide enviarnos a Atlacomulco, Apaseo, Tuxtla o Colorado según lo haya interpretado el sistema. Nos ayuda, pero al mismo tiempo, nos hace inútiles y aumenta nuestra desubicación de los lugares. Además, esto está eliminando las inigualables direcciones que la gente random se inventaba en la calle; a poco no recuerdan algo como: “Mmm, mira, te vas derecho, todo derecho, y antes de topar, das a la derecha, vas a ver una glorieta, la pasas a la izquierda y enfrente hay un Oxxo, ahí a la izquierda y regresas por la calle de camellón, te vas todo todo todo hasta que veas Guerrero (siempre hay), ahí no es, sigues sigues sigues y dos o tres cuadras ahí lo vas a ver…” PRICELESS.

Finalmente, la quinta dimensión de “Esta en línea – Ultima vez en línea: 3:35 a.m.”  Creo firmemente que esto es el atributo que impulsó a Whatsapp al éxito rotundo y aunque, actualmente se puede bloquear, durante sus inicios fue el componente silencioso más importante de la aplicación. Analicemos; ¿qué es lo que realmente alimenta a Facebook? Nuestra enfermedad por saber la vida de los demás y, a toda costa, crear una felicidad que “supere” a todas las demás. Como animales sociales compartimos para ser vistos, escuchados, admirados, comprendidos, envidiados. Tenemos una necesidad de saber más de los otros que de nosotros mismos y esto, más en forma negativa que positiva, ha cambiado al mundo y ha aumentado sus niveles de ansiedad y depresión.  El ver cuando alguien estuvo en línea cuando nos interesa hablar con él, alimenta al mismo monstruo. Alimenta la incertidumbre e incrementa la necesidad de saber de la otra persona. El saber cuándo abrió la aplicación y cuando “leyó” los mensajes nos da un sentido falso de no estar ajeno a su vida; en otras palabras, nos hace sentir que sabemos que es lo que está haciendo la otra persona.  Si esto lo platicamos con alguien podrá sonar estúpido, pero en nuestra mente no lo es.

Ok, creo finalmente haber encontrado el objetivo a este análisis. El Whatsapp, como todas las nuevas redes sociales, han hecho más eficiente nuestra comunicación porque la eficiencia se mide por el costo, la rapidez y la cantidad que se pueda lograr. Sin embargo, todas, invariablemente, han deteriorado la calidad de ésta. Los componentes que las hacen adictivas son los mismos que no nos dejan trazar la línea del uso sano y la enfermedad. Si les suena exagerado lean esto; “Aproximadamente el 80% de la gente con acceso a internet en su teléfono utiliza Whatsapp, solo entre el 5% y 9% se considera que lo usa en cantidades no riesgosas de adicción”.

Basta con hacer un ejercicio como el mencionado (un día sin whats) para darse cuenta de todo lo que nos estamos perdiendo. Basta con escoger nuestras conversaciones del día, hacerlas por teléfono, darles la atención que merecen  para darnos cuenta de lo increíble que es la comunicación con nuestra gente cercana. Basta con alejarnos un poco del internet para acercarnos más a la gente. Intensémoslo, a ver “qué pasa”.

Extraño la temporada…

Un comentario en “La psicología del Whatsapp.

  1. Soy tu Fan!!! Increíble pero cierto, WhatsApp ha sido la herramienta que te puede facilitar la «comunicación» con todos, sin embargo de todos mis grupos que tengo en WhatsApp tengo 3 silenciados por que no me sirven de nada y además he de decirte que he malinterpretado más de una conversación por la PÉSIMA redacción que tenemos y que en malos momentos podemos interpretar de la manera errónea.
    Solo 3 meses y volvemos a la normalidad!!!

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