¿Alguna vez has intentado desperdiciar tu vida? – La oportunidad que nos dejó Aaron Hernández.

¿Cuánto daño hacemos al reaccionar? ¿Cuánto hacemos al ser indiferentes? ¿A qué grado puede llegar nuestra ira, nuestro egoísmo? ¿Hasta dónde trascienden las palabras? ¿Los actos impulsivos que rompen las dimensiones del tiempo y se quedan ahí para siempre?

Cuarenta millones de dólares, talento y habilidad superior al 98% de la población mundial, una pareja, una hija, una mansión de 2,100 metros cuadrados y la fama que todos, en algún momento, soñamos tener. Con eso y con una mirada aterradora que confirmó, por última vez,  su sentimiento de superioridad hacia el mundo, Aaron Hernández desapareció de por vida.

Si bien, la historia del asesinato cometido puede ser material de análisis extenso, creo que existe algo mucho más profundo que ignoramos… que conscientemente decidimos olvidar una y otra vez y que hoy, este suceso que parece inexplicable, nos da la oportunidad de detenernos por un segundo y pensar…

Dr. Harold Fredrick Shipman es, quizá, el asesino en serie más repugnante de la historia. Acusado de haber asesinado a más de 250 mujeres de edad avanzada, cremar todos los cuerpos y manipular sus herencias para poder obtener cantidades fuertes de dinero. Harold se suicidó en enero del 2004. Lo “interesante” sobre este caso era la preparación y el placer que existía en el proceso de matar a cada una de sus víctimas. Inclusive, aún existen teorías las cuales afirman que su detención fue auto provocada. Bueno, ¿a dónde voy con esto? Es evidente que, en casos como estos, el grado de demencia provoca este tipo de comportamientos los cuales nos encanta, como sociedad morbosa, estudiar y ahondar en ellos como si viéramos avances significativos en sus prevenciones. Las llamamos enfermedades mentales, casos de psicosis, esquizofrenia, etc.  Pero, ¿qué hay de las reacciones y ENFERMEDADES REPENTINAS de la mente? ¿Cuánto hemos investigado sobre esos actos que la sociedad, nosotros, cometemos en menos de un segundo pero que provocan daños inmedibles? ¿Qué atención le ponemos a los actos repentinos que parecen estar fuera del control del ser humano? Sé que es difícil  lograr expresar a qué tipo de enfermedades me refiero, pero veamos si esta lista logra aclararlo:

  • Judas Tadeo
  • OJ Simpson
  • Bill Clinton / Monica Lewinsky
  • Oscar Pistorious
  • Traicionar
  • Humillar
  • Ignorar
  • Mentir…

¿Es un mal necesario del mundo que existan este tipo de enfermedades? Cuando las leemos nos parecen graves pero cuando imaginamos la erradicación absoluta de ellas en nuestras vidas nos parece irreal. ¿Lo más lógico, entonces, es pensar  que son parte de nosotros tal y como lo es la inteligencia, la bondad, la honestidad y el amor? ¡A ver! El objetivo primordial de la filosofía es provocar que no entendamos nada y, mientras escribo, me doy cuenta de lo filosófico que esta columna se ha vuelto cuando todos esperaban algo mucho más entretenido. Por lo tanto, delimitemos las dudas y creamos, con fe o sin ella, que, efectivamente, dichas enfermedades son parte de nosotros y que jamás seremos capaces de vivir sin ellas. Lo que nos lleva a la única pregunta restante ¿Cuál es su función en nuestras vidas?

Cuando mentimos, ¿lo sabemos? Hasta donde yo entiendo, todo el mundo sabe que mentir es incorrecto (repito que aquellos desafortunados que se encuentran en un estado demente no aplica). ¿Lastimar con las palabras? ¡No me digan que no nacimos sabiendo la maldad que provoca! De la misma manera,  podemos seguir enlistando cada una de estas enfermedades y, al leerlas, eliminar la posibilidad de que su existencia deriva de nuestra ignorancia sobre los daños que causan.

Siguiente paso, cuando traicionamos, ¿Qué sentimos? …. piénsenlo bien por un minuto antes de seguir leyendo…. ¿Qué sentimos? … Invariablemente, lo primero que viene a nuestra mente es nuestro sentir y no el de la persona, equipo, familia, o cosa involucrada. Por definición automática, lo que sentimos se llama egoísmo. Una enfermedad que provoca la otra. Absolutamente todas estas enfermedades provienen de un egoísmo que, por un instante, nos hacen creer que somos superiores a la situación, que podemos manipularla.

Finalmente, ¿Por qué MIERDA este egoísmo es parte de nuestra vida? ¿Parte de cada segundo de nuestros días? Porque la vida tiene una extraña forma de esconder las consecuencias de nuestros actos y realmente empeñarse a hacernos pensar que no existen. Pensémoslo con algo positivo, pues así siempre es más digerible y creíble. Cuando hacemos ejercicio, ¿de inmediato vemos los resultados? Cuando decidimos no mal gastar el dinero ¿de inmediato se ven los logros? Cuando amamos incondicionalmente a alguien ¿Vemos, en algún lado, siquiera pintado, lo que se está construyendo? ¡No! porque si la vida nos los enseñara así, estaríamos automáticamente muertos, no habría por qué seguir adelante, no habría ilusiones, sueños, esperanza, no habría un motivo suficiente en nuestras mentes para seguir respirando. El no ver los resultados de forma inmediata nos mantiene con los ojos abiertos…esperando el día en el que lleguen y los limpiemos con lágrimas.

Desgraciadamente, en la vida, así funciona todo. Nuestras enfermedades tampoco nos avientan en la cara las consecuencias que tienen. Nunca, de manera inmediata, nos advierten lo que estamos haciendo. Por esto, la estúpida ilusión y misma enfermedad del egoísmo nos invade. “Al fin en este momento estoy bien”.

El sentido de superioridad que Aaron Hernández sufrió y que lo llevó a destruir su vida por completo no es tan ajeno a nosotros, solamente las circunstancias son completamente diferentes. Tú no tienes el mismo talento, tú no tienes la misma cantidad de dinero, tú no tienes la  misma falta de guía familiar la cual es quizá una de las desgracias más grandes de la vida. Sin embargo, si tienes una familia a la cual por momentos te da flojera ver, tienes una persona que te ama que olvidas decírselo todos los días y agradecérselo con acciones, tienes amigos a los cuales ignoras, tienes historias con las cuales mientes y tienes gente que quizá dañas con tu indiferencia, con tu mirada.

Además de hacer artículos con morbo descifrando el asesinato o programas enteros sobre lo “increíble” que fue este acto, no podemos hacer ABSOLUTAMENTE nada más; sin embargo, si tenemos una oportunidad para usarlo. Hagámoslo y recordemos todos los días a Aaron Hernández como nuestro más grande recuerdo de lo mucho que tenemos y de lo fácil que es destruir las cosas en un instante. Las consecuencias vienen, solo no en este momento…

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