Un dolor inexplicable.

Siempre he creído que es imposible describir los sentimientos y que estos, le dan a la vida la mística necesaria para que sea tolerable. Hoy, disculpándome de antemano pues creo que la falta de objetividad es poco profesional; les ofrezco un intento fallido.

Con la espalda recargada en el muro que sostiene la increíble estructura del Superdome de New Orleans, a la cual le funciona todo menos la luz; con la vista perdida en el stand de comida y el sonido más doloroso en boca de Joe Flacco detrás de mí, mis ojos encontraron un monitor del tamaño regular de una computadora personal. Ahí, la transmisión en vivo de la entrega del máximo trofeo en este deporte. Entendí por qué no pude presenciarla desde mi asiento y al verla entre lágrimas, me pregunté algo difícil de entender: ¿Por qué perder este juego duele mil veces más que cualquier otro? ¿Qué no es ilógico sentirse considerablemente más desafortunado que todas aquellas personas que aman a cualquiera de los otros 30 equipos que ni siquiera pelearon en este partido? La respuesta parece ser espontánea y evidente, perder la final es mucho peor que ni siquiera llegar a ella. Pero, ¿por qué lo es?

El ambiente del Super Bowl es inigualable en todos sus aspectos. Desde el amor incondicional que la gente expresa por sus equipos, hasta la millonaria estructura que la liga provee en entretenimiento; la ciudad sede realmente se convierte en la meca del mundo deportivo. En fin, además de enterarme cuántas calorías contiene un «beignet», sólo una cosa me inquietó desde el momento que pisé la ciudad: la agobiante gente de Baltimore que abundaba en plazas, restaurantes; y claro, Bourbon Street, que bien podría ser la casa de Lucifer. ¿Estaba exagerando al preocuparme por esto? El Super Bowl siempre es neutral después de todo ¿no?

Primera serie. Primera oportunidad y diez por avanzar. Perfecta jugada preparada dos semanas antes para atacar de inmediato la debilidad de Baltimore, la limitada velocidad de sus linebackers. Crabtree y Moss salen del huddle segundos antes con plena confianza en lo que van a hacer. Kaepernick, después de cuatro impecables pasos hacia atrás, lee a Vernon Davis que está abierto para ganar 20 yardas. Confirmación de lo estudiado, nadie podrá cubrir a las alas cerradas de San Francisco. Hasta que…el primer castigo del juego aparece. Formación ilegal, ganancia anulada. Tres jugadas después, San Francisco no consigue avanzar y termina despejando. Minutos después Baltimore, en manos de Anquan Boldin con una jugada que repitieron en todos los playoffs, abre el marcador.

¿Exageré al preocuparme? Después de todo fue un movimiento ilegal el que nos tiene abajo…

Domingo alrededor de las 2:00 p.m. Más que ser lobby del hotel Marriot, parece IHOP de Palmas en domingo. Ahí estamos todas las familias, directivos y seguidores. Uno a uno comenzaron a bajar los jugadores, algunos saludando y otros altamente concentrados. Harbaugh saludando a todos al estilo jugador de beisbol quitándose la gorra. A medida que los jugadores fueron ingresando al camión, la gente empezó a retirarse hasta que únicamente quedamos unos cuantos que más que seguidores parecíamos gente sin boleto. Media hora después, desde un elevador sin custodia, caminaban lentamente dos jugadores, uno de ellos en muletas. Con esporádicos dos gritos (el mío y el de una señora de edad que, aún sin poder comprar un boleto, manejó desde California con su hija), Mario Manningham y Kendall Hunter (ambos inactivos) pasaron sorprendentemente desapercibidos… pronto iba a dejar de serlo.

Después de ponernos en el marcador con una patada de David Akers, la defensiva de San Francisco detiene a los Ravens en lo que parecía un cambio de momentum en el juego. Serie ofensiva de ensueño, Vernon Davis seguía destrozando la secundaria y linebackers de Baltimore. Aunque limitada, la formación pistol seguía dando importantes avances. Yarda 24, Frank Gore sale del juego, Harbaugh decide darle el balón a LaMichael James…gran esfuerzo…fumble…Baltimore tiene la posesión del balón. Unas cuantas jugadas después, Flacco con pase de una yarda a Torrey Smith pone a los Ravens 14-3. Absolutamente nada de qué alarmarse, este equipo regresa más que Brett Favre. Siguiente serie. Trayectoria cruzada de Randy Moss…abierto en medio del campo…Kaepernick con su único mal pase del juego, le regala una intercepción a Ed Reed.

De ninguna manera creo que fue un buen pase de Kaepernick, sin embargo, viendo el video, el esfuerzo de Randy Moss, quien días antes osó nombrarse el mejor receptor de toda la historia, fue patético. Simplemente no hay mejor segundo receptor en San Francisco que Mario Manningham. En otras cosas, Kendall Hunter: 1 balón perdido en 12 juegos; LaMichael James: 2 balones perdidos en estos playoffs. Después de todo dejaron de ser desapercibidos…

El primer jugador en salir a calentar: David Akers. Todos los playoffs fue conversación importante en San Francisco y estuvo a poco de perder su trabajo gracias a su alta irregularidad. Siguiéndolo obsesivamente con la vista, descansé cuando vi que metió todas sus patadas de menos de 45 yardas y sólo falló dos; una de 60 y otra de 55 del lado derecho del campo. Aunque el calentamiento es poca señal de la realidad, hubiera sido catastrófico que ni siquiera su rutina previa al juego funcionara. Harbaugh habló con él por más de 10 minutos, algo poco común.

Al igual que en la película «The Godfather» se nos olvida que el Football tiene una tercera parte. Esta vez fue la más importante. Si bien todo el último periodo de la temporada los 49ers estuvieron preocupados por la lesión de Akers y la dirección de sus patadas, otro aspecto relacionado a esto nunca se mencionó. La distancia y fuerza en las patadas de kickoff nunca fueron las mismas, en repetidas ocasiones durante la temporada vimos estrategias de mucha altura y poca distancia para compensar su falta de fuerza. En quizá la jugada más importante del partido, a manos de quien considero el jugador más valioso de éste, Jacobi Jones tomó ventaja de una línea pateada por Akers y recorrió, en 11 segundos, 108 yardas para romper el récord de la NFL como la jugada más larga en la historia del Super Bowl.

Akers no practicó ningún kickoff antes del juego…

No tengo ningún problema con la gente que expresa su opinión sobre el homosexualismo. No estoy en contra, no estoy a favor, simplemente me es indiferente y respeto las creencias y preferencias de todos. Pero lo que ya deberíamos entender sobre este tema es que, en el tiempo en que vivimos, expresar cualquier opinión sobre esto provocará la reacción negativa de alguien, ya que ninguna creencia parece ser la correcta. Cuando Chris Culliver decidió escupir sus brillantes comentarios controversiales solo una cosa era clara, es lo que menos necesitaba un equipo sin experiencia en el Super Bowl. De por sí es complicado lidiar con la sobrecarga de prensa como para escoger este momento para decir que «tan macho» se siente uno.

Culliver, quien merecidamente empezó el juego como segundo cornerback para San Francisco y quien tuvo su mejor temporada, nos recordó lo trascendental del aspecto mental en este deporte, mucho más en este partido. En el primer pase completo de Flacco, Chris voló la cobertura. En el pase más largo del partido, Jacobi Jones expuso la desconcentración de Culliver. En una tercera oportunidad crucial, Culliver cometió interferencia de pase a Boldin lo que provocó que Ravens continuara su serie y ampliara la ventaja. Flacco se encargó de atacarlo con éxito todo el juego.

Hay cosas que son indiferentes y no tienen ninguna relación, hay jugadores que aman hablar y crear controversia antes de un juego (Namath) y aún así son capaces de tener sus mejores actuaciones, hay otros que la máxima concentración juega en contra de ellos y se refleja en errores de nerviosismo. Pero esta vez, Culliver en ningún momento se vio concentrado, festejaba jugadas insignificantes aun cuando el equipo estaba 22 puntos abajo, se esforzó más en reclamar y provocar a los receptores de Baltimore que ganar.

Tengo la respuesta a mi pregunta. Ahora entiendo por qué duele mucho más perder este partido que ni siquiera llegar a él. Mientras vivía el increíble ambiente del Super Bowl, mientras la emoción corría por mis venas en el hotel Marriot junto a toda la gente que ama a este equipo, mientras cuidadosamente analizaba el calentamiento de nuestro pateador y mientras me molestaba por los comentarios irresponsables sobre un tema social que era irrelevante para este juego, mi mente visualizaba una cosa: el trofeo Vince Lombardi. La recompensa y el premio por una temporada completa es tan grande para un equipo que inconscientemente da el sentimiento de tenerlo aun antes de haber peleado por él. El considerarse el mejor del mundo, en cualquier cosa que hacemos, es tan inmenso que se vuelve inconcebible en nuestros cerebros.

Sentimos que perdemos algo que nunca tuvimos, por eso el dolor es, y siempre será inexplicable.


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