Cuando un juego deja de serlo.

¿En qué momento un juego deja de ser un juego? ¿A qué le nombramos juego? ¿O a qué, vida? ¿En qué punto una victoria se vuelve éxito? ¿En qué momento un gusto se vuelve pasión? ¿Cuándo una pasión se vuelve forma de vida?

De los 242 países en el mundo, sólo 10 superan los 114 millones de habitantes, cantidad aproximada de gente que este domingo se unirá por cuatro horas para presenciar un partido, que año tras año se aleja más de su definición de «juego». ¿Por qué es, por mucho, el evento televisivo más visto en el mundo? ¿Por qué gente que no siguió ni un partido en la temporada -y que se dará cuenta hasta el tercer cuarto que el apellido del quarterback de Baltimore no tienen nada que ver con su complexión-, acepta incondicionalmente asistir a reuniones para «verlo»? Si bien es cierto que alrededor del juego de campeonato de la NFL se creó un negocio multimillonario caracterizado por íconos mundiales como Michael Jackson, Madonna y Beyoncé, éste no es el único evento que lo hace (i.e. Mundial FIFA, Olimpiadas, Final de «La VOZ»), y la pregunta siempre queda al aire… ¿Qué nos reúne? ¿Qué hace de un simulador «neandertal» de guerra entre 22 personas volverse una lucha épica?

«Mi carrera como coach estaba terminada» –Jack Harbaugh, 1996. Palabras que expresó momentos antes que otra carrera, una grande, comenzara. Después de un récord de 2-8, Jim Harbaugh, hijo de Jack, decidió utilizar su prestigio como jugador retirado de la NFL y reclutar jugadores de la Universidad de Western Kentucky, en la que su padre era Head Coach. Seis años después, con cuatro apariciones en playoffs y un campeonato de División I-AA colegial, Western Kentucky regresó como uno de los programas más importantes.

Al mismo tiempo, John (hijo mayor), era asistente en la Universidad de Cincinnati e Indiana; mientras empezaba su propia carrera, ayudaba a ambos filtrando listas de prospectos colegiales que no cumplieran con las calificaciones académicas y, por lo tanto, estuvieran interesados en un lugar como Western Kentucky. Los dos comenzaron ahí brillantes carreras como coaches. Caminos muy diferentes, John considerado como uno de los mejores coaches de equipos especiales y Jim, coach altamente exitoso en la Universidad de San Diego y Stanford.

Hoy la familia Harbaugh domina el mundo deportivo, los dos pelean por ser los mejores del mundo aunque en el fondo, para ellos, sea más relevante ser el mejor en la casa.

¿Quizá nos reunimos para ver el desenlace de esta historia?

Richard Lollar (24) y Jacinth Baker (21) cumplen trece años de asesinados. En el 2001, en uno de los casos más complejos, Ray Lewis fue acusado, nunca culpado, de doble homicidio. El caso, con incontables dudas vivas, lo terminó Paul Tagliabue (Ex-comisionado de la NFL) con una multa de un cuarto de millón de dólares para Ray. Trece apariciones en el Pro Bowl, seis selecciones como el mejor en su posición (All Pro) y dos premios como mejor defensivo del año después, Lewis juega su último partido. Con una carrera que será inmortalizada en el Salón de la Fama y con un legado que trasciende a toda aquella persona que fue contagiada con su liderazgo y pasión por vivir, Ray Lewis se retira como el mejor linebacker medio de toda la historia.

A unos cuantos kilómetros de distancia, en el mismo año de aquel homicidio, una persona de 17 años se convertía en el primer jugador en la historia del estado de Tennessee en ser nominado como mejor jugador defensivo (linebacker) y ofensivo (corredor) en una temporada. Con seis apariciones en el Pro Bowl, seis selecciones All Pro y el premio como novato defensivo del año en 2007, Patrick Willis juega su primer Super Bowl y su primera oportunidad de consolidarse como el mejor linebacker de esta generación. Patrick, quien se refiere a Ray como «Mufasa», asegura que le falta mucho trabajo y logros para ser considerado uno de los mejores.

Ambos serán los capitanes de sus equipos, mandarán las últimas defensivas restantes en la temporada, lucharán por consolidar su historia.

¿Quizá nos reunimos para ver dos generaciones pelear?

Aposetelo y BelinaIupati eran dos inmigrantes provenientes de Samoa Americana que como muchos otros, en su búsqueda por una mejor vida decidieron dejar todo y establecerse en Estados Unidos. Con el objetivo de ahorrar todo el dinero posible, vivieron con sus dos hijos en un garage (garashh) en Anaheim. Uno de ellos, Mike, a sus 14 años se dio cuenta de lo complicado que puede ser la vida en un lugar desconocido con un idioma que jamás escuchó antes. Su salvación: el Football. De manos de un coach con ascendencia samoana, Mike Iupati se convirtió en una estrella como liniero ofensivo desde temprana edad y logró terminar sus estudios. Después de una carrera sumamente exitosa en el Football colegial, donde fue finalista al trofeo de mejor liniero interno del país, Mike estará en el escenario que jamás imaginó como parte fundamental de la línea ofensiva de San Francisco.

Si bien vivir en un «garashh» a los 14 años parece difícil, no tener ni siquiera eso es aún peor. Michael Oher, mundialmente conocido por la película «Blind Side» (No, Sandra Bullock no es su madre), estará en el mismo escenario que Iupati. Al igual que Mike, el Football fue su oportunidad de vida; terminó una carrera exitosa en la Universidad de Mississippi y se convirtió en la primera selección del Draft para Baltimore en el 2009.

Ninguno de ellos será el jugador más valioso del partido, serán contadas las veces que alguna cámara los enfoque y, en los periódicos, sus nombres pasarán desapercibidos; pero el domingo ambos darán la vida por sus equipos, porque estos representan la vida entera para ellos.

¿Quizá nos reunimos para aprender lo que es morir por algo?

El 23 de septiembre mientras toda la NFL se preparaba para el juego nocturno entre Baltimore y New England, un sentimiento de dolor y tristeza se podía sentir. Tevis Smith (19), hermano de Torrey Smith, perdió la vida un par de horas antes en un accidente de moto. Baltimore obtuvo la victoria y ayudó a que Torrey tuviera uno de sus mejores juegos en toda la temporada con 127 yds y 2TDs. Antes de empezar el juego las palabras de Torrey fueron: «Él hubiera querido que yo jugara, me admiraba demasiado…es la peor experiencia de mi vida».

A unas horas antes del segundo juego de San Francisco en la temporada 2007, Frank Gore no tuvo a quien llamar antes de salir al campo, tradición que conservaba desde que empezó a jugar este deporte. Su madre, Liz Gore, murió después de combatir el cáncer por varios años. Liz sin ayuda paternal crió a sus hijos y sobrinos en un departamento pequeño en Florida y, por siempre, será el único lazo familiar para el mejor corredor en la historia de los 49ers. Sus palabras antes de comenzar el juego fueron: «Cuando llegó el momento en el que no tuve a quien llamar, empecé a llorar y llorar. Pero sé que ella me hubiera querido ver jugar».

Torrey es el arma más peligrosa en la ofensiva de Baltimore, Frank es el líder de la ofensiva de San Francisco. Ambos jugarán por dos personas que viven en sus corazones; ambos, en algún momento, los verán en el estadio y prometerán dejar todo en el campo por ellos.

¿Quizá nos reunimos porque todos, de alguna manera, recordamos a esa persona que hoy falta y que disfrutaba este juego con nosotros; en muchos casos el responsable de que hoy tengamos un interés por el juego?

Este domingo les pido que en donde quiera que disfruten del Super Bowl, se detengan por un segundo, olviden por un momento los incontables millones de dólares que hacen de éste un espectáculo, observen a aquellos con quienes compartirán las siguientes cuatro horas y pregúntense, ¿qué nos reúne? ¿Es simplemente un pretexto para verse o es una inexplicable curiosidad por entender por qué este deporte es el juego más grande y hermoso inventado por el hombre? ¿Qué hace tan trascendental el ganar? ¿De dónde viene la intensidad con la que dos equipos reúnen al mundo entero? Quizá estando ahí entendamos que lo que veremos es un reflejo de historias que tenemos; un recuerdo de lo mucho que siempre quisimos ser mejores que nuestros hermanos y ahora lo único que tenemos es el sentimiento de extrañarlos; una prueba de que cualquier error cometido pertenece al pasado y lo único que importa es lo que hacemos hoy; una evidencia que todo sueño es posible, aún cuando no haya lugar dónde dormir; que la gente que hoy no está con nosotros, es también nuestra más grande inspiración que nos motiva a no desperdiciar ni un solo día.

Tal vez por un segundo sintamos que deja de ser un juego.

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